Partir de 0

El reto laboral más difícil al emigrar es empezar a trabajar desde 0. No es una realidad que nos tome por sorpresa por su forma de ser en sí, sino por su magnitud. Cada migrante lo asume como algo lógico e incluso esperado. Sin embargo, a pesar de que la vida nos ha “curtido” de distintas maneras y nuestras decisiones han moldeado quienes somos, nos hallamos antes esta nueva realidad: perdidos.

Los primeros golpes

Salvo que hayamos tenido la suerte de migrar por motivos laborales y tengamos una oferta jugosa con una empresa que nos avale y ayude a realizar todos los trámites legales correspondientes, el proceso de empezar a trabajar luego de haber establecido una carrera es cuesta arriba a nivel emocional.

Por un lado, nos encontramos en un lugar nuevo y los que ya venían con una carrera profesional construida, que habían arado el terreno de las relaciones de negocios y alcanzaron a cultivar una jugosa cartera de contactos, súbitamente se encuentran con una soledad absoluta. Nadie los conoce, nadie sabe quiénes son y el valor de todo lo que han construido es estrictamente subjetivo.

Por el otro, estas compitiendo con dos oponentes del más alto nivel. El primero, es la etiqueta de inmigrante, que por más preparado que estés y por más educado que sea nuestro interlocutor siempre hará algún tipo de mella respecto a los nacionales. Afortunadamente los venezolanos que hemos llegado a Chile, hemos pavimentado con mucho trabajo, buen trato y buenas intenciones el camino para que otros puedan decir sólo cosas positivas de nosotros. Hay excepciones, como en todo, pero me gusta pensar que los buenos somos más.

El segundo, estás cabeza a cabeza con profesionales de primer nivel, tanto nacionales como extranjeros. Lejos quedó lo de “yo conozco a alguien” o “yo tengo un amigo que”. No sólo basta con resaltar, tienes que brillar por encima de todos.

Yo tuve la oportunidad de ejercer excelentes cargos mientras estuve en Venezuela y me había formado un nombre. Cuando llegué a Chile, mi trabajo se convirtió en buscar trabajo. Tal como suena: te levantas temprano, desayunas, te sientas frente al computador y empiezas a aplicar y enviar CVs a cuanta empresa, agencia o negocio pudiera estar interesado en alguien con tu perfil. Lo más importante es lograr una entrevista, donde tristemente aplica de mil sólo una y de cien ninguna.

Psicológicamente es un golpe muy fuerte porque empiezas a cuestionar tu valor como profesional. Aquí se estila solicitar las pretensiones salariales y empiezan a llover las preguntas. ¿Soy muy caro y por eso no me contratan? o peor ¿Soy muy barato y creen que no valgo la pena? Es una marejada de dudas que es muy difícil sobrellevar y es complicado no dejarse llevar por la depresión y la tristeza. Ojo, esto es sólo pensando en el ámbito laboral, no debemos olvidar la familia y amigos que dejamos atrás.

Con la piel más dura

Si algo nos enseñó la crisis fue a trabajar con uñas y dientes, una vez que llegamos a un país con una economía relativamente estable, podemos hacer maravillas y eso no pasó desapercibido para los locales. ¿Por qué? Porque una vez que absorbemos el primer golpe, volvemos con más fuerza que nunca, decididos, capaces y con una sonrisa en la cara. Ya entendiste que nadie te va a dar en bandeja de plata lo que tenías en tu país.

En consecuencia, tienes que ganártelo con sangre, sudor, lagrimas y una sonrisa en la cara porque no le tenemos miedo al trabajo duro.

El inglés es una herramienta que nunca vi como relevante. En pleno siglo 21 para mi saber inglés era algo como saber leer y escribir, algo básico que todo el mundo debería tener en su set de skills. Bueno, aquí 90% de las personas no habla inglés y eso me permitió posicionarme bien y exigir más dinero, lo cual te cierra un poco las puertas para trabajo más pequeños, pero te abre los ojos si estas dispuesto a ver la versatilidad de las oportunidades.

Una luz al final del túnel

El camino no es fácil, es cuesta arriba, no está pavimentado, llueve y vas descalzo, así de simple. Pero no es imposible. La primera vez que me quedé sin trabajo en Chile fue una semana después de enterarme que iba a ser papá. Lo vi con buenos ojos, una oportunidad de ayudar en casa y de plantearme que quería hacer con mi vida.

Pasaron 5 largos meses de probar, escribir y mandar CVs, primero hacia nuevas opciones, luego viejas, luego… cualquiera. Afortunadamente conseguí una oportunidad a principios de octubre. Desgraciadamente, el choque económico ocasionado por los disturbios de finales de 2019 tuvieron un impacto importante en la empresa donde estaba. Recibí el 2020 sin trabajo y a los pocos días nació mi hija. Ahora a mi tarea diaria es  mandar CVs y buscar clientes.

A esto se suma el cambiar pañales, hacer fórmulas y apoyarlas a mi hija y a su mamá en todo lo que necesiten. Estos primeros meses trajeron incendios, una posible tercera guerra mundial y una pandemia. Además, me trajo una razón para seguir adelante, porque sin importar lo oscuro o cuesta arriba que sea el camino, mi determinación lo ilumina, me da fuerza para escribir sabiendo que hay una personita en la otra habitación que depende de mi.

Muchos dicen que el 2020 viene con mucha fuerza. Yo sólo les digo que sus predecesores no pudieron con nosotros.

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